jueves, 16 de abril de 2009

entre Hugin y Muninn o el método de la locura (no. 34)

para B
hablar es un deber, precisamente porque lo esencial es mudo
"el silencio escrito"
eugenio barba
la rebeldía es continuar soñando activa y racionalmente,
evitando que el sueño se vuelva monumento o añoranza
"Barcos de piedras e islas flotantes"
eugenio barba
<<>>
Odin ("furor"): deidad suprema dentro de la mitología nórdica. dios de la guerra y la muerte, la poesía y la magia; de la sabiduría, del conocimiento pasado y futuro, del conocimiento presente; siempre acompañado de dos cuervos: Hugin y Muninn, el pensamiento y la memoria.

<<>>
El Odin Teatret, fundado por Eugenio Barba en 1964 asume como guía dos emblemas: el del dios Odin y la frase latina inscrita en el blasón de Niels Bohr: contraria sunt complementa.
Aunque los textos y libros escritos por Barba (y que él mismo tiene a bien nombrar "canoas de papel") parten de su larga experiencia como actor y director del Odin Teatret, del constante proceso de búsqueda que este grupo teatral ha elegido como vía y forma de vida, y se encuentran dirigidos a aquellos empecinados que saben del "arte de la autodisciplina" en el ámbito actoral, me resulta inevitable establecer la inmediata relación con el quehacer literario, con ese oficio que es también deber, escritura del silencio, autodisciplina, razón, historia…
<<>>

Si la literatura como el teatro es igualmente soledad, oficio y rebeldía, quizás valdría la pena repensarla (por ocio/por juego/por devoción/por necesidad) desde el trono de Odin, entre la sombra cálida de las alas de Hugin y Muninn.
Pensamiento y Memoria como guías, no como límites; como punto de partida hacia una transformación genuina, honesta, disciplinada, posiblemente verdadera.
Barba dice que el teatro puede ser "un barco de piedra para ser admirado junto a otros monumentos. O bien, puede volverse la residencia privilegiada que nutre y protege nuestra sed de libertad".
Tal vez lo mismo podría decirse de la palabra escrita, del oficio de escribir/de escribirse/de escribir desde sí.
A veces, ante los textos que surgen en este aquí y ahora, encuentro una ausencia de sed, un vacío simple y sin sentido, un empleo burdo de las palabras, en fin una indiferencia ante lo indecible y por lo tanto, un ruido atroz emitiendo alaridos incongruentes que no representan más que el afán infundado de “transgredir” los caminos hasta ahora recorridos y de criticar un estado de cosas sin proponer ni transformar nada.
“para ser revolucionarios hay que ser lúcidos y saber utilizar bien las propias armas: los diletantes nunca cambiaron la historia”

<<>>
memoria-historia-herencia-tradición
presentez-innovación-rechazo a lo anterior: rebeldía
"la comprensión de la historia puede corromper. hay que conocerla, para saber también cómo rechazar la historia en la que vivimos. rechazarla permaneciendo en vida, sin dejarse destruir y posiblemente, sin destruir"
Encuentro en estas palabras la clave para la transformación: el rechazo puede ser lúcido, articulado, genuino, cuando se logra sin destruir y sin destruirse.
No le neguemos nuestra admiración a la tradición, neguémosle nuestra obediencia: parafraseo a Torres Bodet y recuerdo el “método de la locura” propuesto por Barba y su admirable certeza de saber que siempre habrá jóvenes en el proceso de búsqueda de “un camino que conduzca a una protesta articulada y a una rebeldía abierta, pero disciplinada, contra una sociedad en la cual se sienten extraños”.
No es un rechazo a lo sociedad, es una actividad encaminada a proponer rutas viables a esa sociedad que les es ajena y para la cual ellos mismos se asumen como extranjeros. Para Barba, el actor es el agente de este cambio, para mí, en este espacio, es aquel que se asume públicamente como escritor y cuyo ejercicio literario quizás sea visto por esta sociedad como una locura, pero como una locura con método.

<<>>
“el teatro puede convertirse en un sanctuary, un asilo para quien tenga sed de justicia, un refugio de libertad, una cripta de mensajes cifrados para el espectador que lo visita”
Creo lo mismo respecto al oficio de escribir y lo creo cuando al incorporarme a una “canoa de papel” encuentro que su presencia es necesaria porque lo esencial que habita en ella es mudo, cuando advierto una empatía armónica con Hugin y Muninn, cuando la locura y la rebeldía son las que trazan la ruta inasible pero transitable de ese soñar, activa y racionalmente, con palabras.

Mérida, Yuc. abril 2009

Citas tomadas de: Barba, Eugenio. Teatro. Soledad, oficio y rebeldía. México: Escenología, 1998.

lunes, 23 de febrero de 2009

La noche casi perfecta (no.33)


para D y A


La vida no es idónea, es perfecta. Jerome entonces miró hacia los músicos que cerraban con un entusiasmo barato el Unicornio azul. Yo miré la luna que pendía como un fruto del árbol y me sonreía una complicidad casi siniestra. Regresé la mirada hacia Jerome y él me propuso visitar el hotel más hermoso de la ciudad.
Me había sentado en esa banca del “Parque de la madre” sólo para sentir; la batalla que se libraba entre los trovadores del café Peón Contreras y la salsa de los del restaurante La bella época, no daba lugar al pensar.
¿Qué hace la gente a estas horas aquí? Camina inconcebiblemente despacio. Los sábados por la noche nadie parece tener que llegar a ningún sitio; se detienen una y otra vez a husmear entre los destellos de la joyería artificial, las ropas de manta y las pinturas de nuestros artistas. Pasan en oleadas intempestivas y a veces, un poco toscas. Por alguna razón, la dama pelirroja del halter blanco que tanto insiste en mirar su celular, me ha llamado la atención, su impaciencia parece resonar casi al mismo volumen de la música.
Jerome se había sentado a mi lado momentos antes. Sus ojos azules y su ropa de manta me hicieron suponer que era francés, aunque no sé cuál es la relación entre una y otra cosa.
-¿Te molesta el humo?
-No.
-Si te molesta me avisas.
Jerome sostenía desde su extremidad esquelética un cigarro sin filtro. Al ver que el primer intento no funcionó, se aventuró nuevamente.
-¡Qué bonitos pies!
Al mirar mis zapatos completamente cerrados, sólo pude esbozar una risita retorcida. Pensé que tal vez no se dirigía a mí e instintivamente busqué a mis espaldas a otro posible interlocutor, pero la dama pelirroja del halter blanco acaba de levantarse del extremo de la banca más próxima e iniciaba una caminata presurosa hacia un lugar que no parecía tener nombre.
Volví la mirada y, contemplando a este hombre de incalculables años exhibiendo su huesuda fragilidad a través de una claridad innecesaria en su ropa y con los ojos intensos, palidísimos, esforzándose por atravesar mis lentes, las respuestas se deshicieron en mis labios como susurros indescifrables.
Los trovadores soplaban las primeras notas del Alma llanera cuando me empecé a preguntar qué hacía yo en esta magnífica noche de sábado, sentada en esta banca, escuchando a tan peculiar caballero mientras habla de las puertas que han abierto los extraterrestres en la selva a fin de salvar a los pocos humanos que, entrando en armónica comunión con la naturaleza –es decir, la mariguana, los hongos y ciertas especies de animales–, han logrado trascender a la realidad impuesta por esos “pinches gringos”, evitando consumir el veneno capitalista –coca cola– y sobreviviendo entre las masas idiotizadas como el pueblo de los elegidos portadores del futuro.
-A ver tus manos.
Sonriendo otra vez, solté la bolsa de plástico gris en que llevaba mi cartera, una pluma y una caja de chicles, y extendí las manos exhibiendo las venas que se pierden entre mis nudillos.
-Del otro lado.
Meticulosamente exploró las líneas en mis palmas, mientras yo intentaba encontrar ese mismo mapa fantástico donde él exploraba las posibles rutas hacia el tesoro. Por más que me esforcé, las líneas y mis manos siguieron siendo las mismas, sin embargo Jerome había llegado a una conclusión contundente:
-Los que pasa es que eres un espíritu joven.
No pude evitar arquear las cejas en una decepción evidente, al mismo tiempo que pensaba en mis 22 años. El tesoro se había reducido sólo a eso.
-Yo no voy a volver más. Ésta es mi última vida...- agregó momentos después.
Volví a arquear las cejas, esta vez de sorpresa, sin abandonar la sonrisa. Entonces rompí el monólogo, no podía soportar más estar en medio de esas trincheras, en esa batalla absurda entre las músicas, las gentes lentas, mi curiosidad y la risa contenida en la luna:
-¿Cómo lo sabes?
-Porque veo cosas, ¿tú ves cosas?
Pensé en responder con más preguntas, pero en la mente pasaban como el Cóndor pasa, respuestas tan tentadoras, que tuve que callar. Él retomó el cuestionario con una pregunta más concreta:
-¿Ves fantasmas?
-Últimamente, no.
-Yo sí veo fantasmas. Habito con ellos...
Imaginé entonces una habitación nebulosa, rodeada de cortinas de colores y un círculo de espectros compartiendo una pipa egipcia, mientras Jerome explicaba cómo era la verdadera vida en Bacalar.
La dama pelirroja del halter blanco pasó frente a nosotros. Yo le miré la frente estresada, como si dentro llevara un gigantesco yunque que no le dejaba mirar bien sus ideas; Jerome estudió sus caderas, también parecía encontrar en ellas un mapa fantástico que habría de conducirlo hacia el tesoro. Los trovadores habían ondeado estoicamente la banderita blanca ante el incontenible ejército del general Devórame otra vez; a pesar de todo, fue un triunfo digno.
Sin música y con Jerome, caminé hasta el hotel Casa Lucía aprovechando la oportunidad de invadir la mitad de la calle. Atravesamos el café y el lobby, y mientras él saludaba fraternalmente a los meseros y a la recepcionista, yo miraba la decoración y las pinturas en las paredes.
Jerome abrió gentilmente una puerta de cristal que conducía al patio del hotel. Señalando las paredes y sus rincones, me explicaba que él había pintado todo eso:
-Uno pinta las cosas, y los símbolos están ahí... ese ribete es del convento de... esos jarrones son ingleses...
Me sustraje de mí ante un lugar tan fascinante, había encontrado el tesoro sin seguir las líneas en mis manos. Me dejé llevar por el poder de los rosales, el agua de las fuentes, la discreción de la luz, los nombres de las habitaciones y sus fachadas yucatecas: San Fernando/8, Chuminópolis/2, Chem Bech/5.
-Espera, voy a pedir la llave de una habitación.
Seguí en la exploración de los rosales. Tanta noche y yo tan insuficiente. Jerome y una dama rubia y pequeña interrumpieron el silencio entre la luna y yo. La casa Santiago/9 abrió sus puertas para que pudiéramos admirarla. Al entrar, miré a la dama rubia y pequeña a los ojos sonriéndole un buenas noches, pero antes de poder advertir la sonrisa con la que seguramente respondió, mi mirada se sofocó con el ambiente tan extraño de la habitación.
Un blanco definitivo satinaba las sábanas rematadas en un borde amerengado, mientras del techo descendían curvas gentiles de gasa clara; con un fondo predominantemente beige, se extendía en todas las paredes una franja saturada de florecitas del convento de no sé donde que se prolongaba hasta las puertas del closet y las paredes del baño. Por un momento pensé que si abría la regadera fluirían chorros de pequeñas margaritas en lugar de agua. Como esto todavía no era lo suficientemente naive, una imagen de la virgen de Guadalupe colocada sobre la cabecera de la cama completaba el escenario. Para Jerome, todo aquello era lo más elegante.
Salimos de la habitación y del hotel acompañados por la dama rubia y pequeña. Con el mismo procedimiento que al entrar, llegamos a la calle entre cordialidades con el bartender y los meseros. La siguiente escala propuesta por Jerome fue la “Casa de todos”, pero me negué a continuar la peregrinación. Su decepción pareció compensarse con acompañarme a mi carro, aprovechando toda la esquina para ofrecerme refugio en su casa de Bacalar para cuando lleguen los extraterrestres a cumplir su propósito en la Tierra, aconsejarme el divorcio con mi soledad y fumar de vez en cuando algo de hierba.

Jerome abrió la puerta de mi carro y, prometiendo comunicarse conmigo algún día, dobló la esquina y desapareció. Yo seguía sonriendo, imaginaba que la dama pelirroja del halter blanco se había despojado del yunque al recordar las palabras de Jerome: la vida no es idónea, es perfecta. Me avasallaba tanta perfección, no quería involucrarme en el clan de los elegidos a riesgo de ser abducida cualquiera de estas noches; entonces planeé la adquisición de un litro de coca cola para la cena, subí el volumen de la música y grité de regreso a casa, junto a Sarah Mclachlan: your love is better than chocolate...

k.m.
Mérida, Yuc.
mayo de 2005

martes, 27 de enero de 2009

el deseo y la isla (no. 32)


una novela de amor es la verbalización
de un discurso que hubiera debido formularse
en otro espacio y sin palabras

el miedo de perder a eurídice
julieta campos

y sin embargo se escriben tantas novelas de amor
la de julieta campos
el miedo de perder a eurídice
no es una novela de amor
es más bien una isla
la isla-deseo siempre eterna

siempre solitaria
isla: soledad temible como la que se siente cuando algo, no siempre monstruoso, sugiere otra proximidad inquietante
la isla es también el deseo manifiesto en la imposibiliad del otro
de lo otro
es un varar permanente de vaivenes que no terminan de ser porque no llevan a ningún sitio
como sabemos también el deseo engendra el relato
y este relato es el de una voz que se desdobla para mirar a una (o varias) multiplicidad de sitios donde, de alguna manera, sucede una historia de amor:
un hombre dibuja una isla en una servilleta en blanco
una pareja se reúne en un lugar a beber cocteles fríos
alguien escribe un diario
julieta campos reescribe los fragmentos donde otros han hablado igualmente sobre las islas

en el principio fue el deseo.
el deseo engendró al verbo,
que engendró a la pareja,
que engendró a la isla

nos recuerda esa persona obstinada en contar una historia de amor
una historia que nunca llega pero que se va articulando conforme regresan a la memoria los mitos y leyendas de todo un mundo de historias de deseo/islas/amores

Yo he dicho que me propongo contar una historia. que esa historia será una historia de amor y, en consecuencia, la historia de un sueño. prosigo: soñar es remontar, hacia los orígenes, el curso de un río. o hacer el viaje al centro de la tierra. o buscar minotauros en laberintos acuáticos. pero dicen que uno acaba por matar aquello que ama y quizá teseo amó al minotauro. sea como sea, la pareja segrega su espacio imaginario. las parejas se encuentran en los parques por las mismas razones que tienen los asesinos para volver al lugar del crimen: vuelven a la réplica del paraíso que están condenados a perder.

la isla es el sitio y el ser de la ausencia perpetua
deseamos lo que miramos todos los días
lo que nunca terminamos de poseer
aunque empeñemos todo nuestro yo en soportar la espera
en sobrevivir a ella
es monótona la vida. hay que inventarse pequeños juegos
y los pequeños mejores juegos para sobrevivir a la espera
son los que se traducen en palabras
aunque éstas no puedan decir nuestro deseo

todo lo que ocurre, ocurre durante esa espera, que es el punto donde la escritura interfiere entre la fantasía y la realidad [...] el tiempo de una espera es el tiempo de un sueño. grandes masas de plumas blancas reposan en las piedras, a la orilla del lago

el tiempo de la espera recuerda entonces la persistencia del encuentro amoroso mítico
donde todo es igual, lo mismo y siempre distinto
donde
lo más extraño de todo es la sensación de traer arrastrando entre los pies el cadáver de un día escuálido, pero recalcitrante, renuente a recibir sepultura

donde la pareja se encuentra en una idea del deseo

cada cuerpo es el espejo, devuelto por la otra mirada, de una noche universal

del amor que al ser desaparece
en el silencio devorador de lo ausente
dos eres: uno me soñó, el otro me olvida
te escribo tanto silencio que me has dejado

los enamorados sólo se aman porque se inventan y se inventan porque necesitan deseperadamente amarse. nadie se enamora de nadie. todos se enamoran del amor

no te acuerdes demasiado de nada [...] aprende a ejercitar el olvido, es tan sólo el revés de la memoria. no hay que temerle. entrégate al olvido como te has entregado a mí: apasionadamente

todo es un invento, todo una escritura, todo un juego para entretenernos
para nombrar al deseo con los nombres de la historia
de los deseos anteriores
de los sueños-islas

y yo escribo como si soñara. o sueño como si escribiera [...] la historia de amor es un sueño que me escribe. hay un lago, una isla, una pareja y unos naúfragos que se cuelan en el sueño con naturalidad sin parecer intrusos, porque la coherencia de los sueños le debe poco a la lógica diurna

la historia de amor que no se escribe en el miedo de perder a eurídice
es siempre la misma
la que siempre se ha dicho y escrito

porque éste no es el fin sino el principio. alguien debe haberlo dicho ya, por supuesto, pero si es así no me importa repetirlo. después de todo lo que se dice es siempre otra cosa y es lo mismo y todos escribimos un libro idéntico.

todo inicio es idéntico a cualquier final
cuando el deseo permanece
cuando lo anhelado nunca llega
cuando la condena y el paraíso habitan en los límites de la mirada
y cuando de nuestra mirada depende perder o no a eurídice

"estamos aislados de todo y somos todo" dicen, pero no dicen nada, porque se han mirado con efusión y tristeza como sucede cuando la felicidad podría, de durar demasiado, volverse intolerable.
el tiempo de la mirada es el paraíso: efímera eternidad de un instante

citas tomadas de el miedo de perder a eurídice de julieta campos, méxico: joaquí mortiz, 1987
imagen: orfeo en los infiernos de brueghel

miércoles, 14 de enero de 2009

los que se quedan (no. 31)


para la niña y el gato de mirada vacía de tiempo

la niña duerme atrapada entre los libros.
quién vendrá a desatar sus pequeños demonios.
quién vendrá a defenderla un día cuando
apague el cigarro y la despierte,
acabando de una vez con este sueño.
breve sueño.
la niña duerme, al menos, mientras la dibuje.


la niña también escribe
escribe mientras recuerda
escribe para no olvidar
luego crece y escribe para pensar mejor
para no dejar que la memoria se le vuelva un punto pequeño/pesado y frío en el cielo de La Habana


todos se van
de wendy guerra


recoge las palabras escritas en un diario de infancia y un diario de adolescencia


donde cada recuerdo se amolda para formar una pieza perfecta, pero borrosa, de esa imagen del tiempo que transcurre en la vida de Nieve
de todos los años que ella pasa mirando cómo todos se van de la isla
y cómo ella permanece cada vez, eternamente


la ironía de llamarse Nieve en un país como Cuba
las canciones, libros, poemas, encuentros y desencuentros
las guerras, latidos, lluvias, visiones y muertes
las ausencias de cada día
la llegada de una nueva esperanza y su pronto ocaso
se van conjugando en palabras breves
en las imaginerías de una niña que mira y entiende
y, después, en la precoz acritud de quien es obligado a mirar y no comprende lo que mira


lo que pasa en estos diarios es la vida
quizás por eso lo más conveniente es decir que no pasa nada porque todo pasa


yo, me quedo con los recuerdos
con las canciones
con la idea de una isla que siempre es deseo y espera
y con el poema de cummings:


algún lugar en el que nunca estuve,
gustosamente más allá de cualquier experiencia,
tus ojos tienen su silencio:
en tu gesto más leve hay cosas que me contienen,
y que no puedo tocar de tan cerca que me encuentro.


y aunque me cierre como una mano
tu mirada fugaz me soltará sin esfuerzo,
siempre me abrirás pétalo a pétalo
como el misterio de la primavera abre su primera rosa.
y si tu deseo fuera a cerrarme
mi vida y yo nos cerraremos repentinamente
como cuando el corazón de esta flor imagina
la delicadeza de la nieve cayendo en todas partes;
nada que percibamos en este mundo
iguala la fuerza de tu fragilidad:
cuya textura me apremia con el color de sus países,
esparciendo muerte y eternidad en cada latido.


(no sé qué hay en ti que se cierra y se abre;
sólo una parte de mí acepta
que la voz de tus ojos es más profunda que las rosas)
nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas.


Guerra, Wendy, Todos se van. Barcelona: Bruguera: 2006

jueves, 1 de enero de 2009

¿hacia el país de las últimas cosas? (no. 30)


a veces pienso que este afán de numerar los años y los días y de hacer en torno a ellos celebraciones de todo tipo, no es más que un intento desesperado e ingenuo por controlar la voracidad del tiempo y la brutalidad con que nos consume, una brutalidad irremediable y a veces un poco tierna

de cualquier forma, me uno a la celebración del "año nuevo" recordando un sitio peculiar
una ciudad de la que tuve noticia hace algunos meses
un sitio al que no quisiera llegar nunca
pero al que aparentemente todos nos dirigimos también, sin remedio
se llama el país de las últimas cosas
y es descrito por un tal paul auster
o más bien por una tal anna blume
aunque antes había sido intuido por un tal nathaniel hawthorne:

no hace mucho tiempo, penetrando a través del
portal de los sueños, visité aquella región de la
tierra donde se encuentra la famosa Ciudad de
la Destrucción.
quién lo haya dicho es quizá lo de menos
porque en esta ciudad todo es lo último que habrá
y no hay nada que pueda darse por sentado

éstas son las últimas cosas [...]
desaparecen una a una y no vuelven nunca más [...]
cierras los ojos un momento, o te das la vuelta para
mirar otra cosa y aquella que tenías delante
desaparece de repente. nada perdura, ya ves,
ni siquiera los pensamientos en tu interior.

en este sitio uno debe estar alerta
no acostumbrarse a nada
no confiar en nadie
olvidar cada prejuicio y cada principio a cambio de la supervivencia

para quienes la lucha se vuelve imposible
pueden optar por el suicidio
para quienes no son capaces de atentar contra su propia vida
pueden recurrir a las "clínicas de eutanasia" y contratar a un agente que los mate el día menos esperado
o también entrenarse como corredores para la "carrera de la muerte": correr y correr hasta caer muertos

tal vez el mayor problema sea que la vida, tal como la conocíamos,
ha dejado de existir pero, aun así, nadie es capaz de asimilar
lo que ha sobrevenido en su lugar [...] ya no sabemos cómo reaccionar
ante los hechos más habituales y, como no sabemos cómo actuar,
tampoco nos sentimos capaces de pensar.

por eso, en este lugar han proliferado diversidad de sectas
que apuestan por la mejor actitud ante la vida que queda
están "los risueños", "los rastreros", "los asociacionistas libres", "los tamborileros", "los apocalípticos"
hay hambre y miseria
hay rumores que hablan de carnicerías humanas
del despojo de cadáveres
pero uno nunca sabe hasta a ciencia cierta qué es lo que sucede en estas calles

por un lado queremos sobrevivir, adaptarnos,
aceptar las cosas tal cual están; pero, por otro lado,
llegar a esto implica destruir todas aquellas cosas
que alguna vez nos hicieron sentir humanos.

y ese sentir sólo es posible ya ante la muerte
asumiéndola y apurando su llegada
o posponiéndola hasta donde sea posible

las cosas se van terminando una a una
van cambiando en una metamorfosis ajena a nosotros
en una transformación incomprensible
donde cada cosa perdida se vuelve un olvido más
y una "necesidad" menos
donde el estado de cosas nos invita/obliga a la traición, al asesinato, al olvido

a veces me parece que cada vez estamos más cerca de ese país de las últimas cosas
y
tal vez ésta sea la cuestión más interesante de todas:
saber qué ocurriría si no quedara nada y si, aun así, sobreviviéramos.

la pregunta queda
feliz año nuevo 2009


citas tomadas de "el país de las últimas cosas" de paul auster, anagrama, barcelona: 2005.

viernes, 26 de diciembre de 2008

el sueño después de la oscuridad (no.29)



el reloj marca cuatro minutos antes de la medianoche
y en esa oscuridad se enmarca el episodio de las cosas extrañas que se configuran bajo el título de


after dark
de haruki murakami


no hay un principio ni un final
sólo la noche
una noche de coincidencias
una noche larga de conversaciones y encuentros
en la que mari lee y su lectura se ve interrumpida por la aparición de takahashi
un músico de jazz
y luego por la presencia de kaoru
mujer corpulenta, recepcionista de un motel y que solicita la ayuda de mari para auxiliar a una prostituta china que ha sido brutalmente golpeada


en otro sitio
en una habitación sencilla
eri asai duerme
y su sueño profundo es vigilado por una mirada
por un punto de vista que la rodea y explora el más pequeño de sus movimientos



...


los diálogos
las historias de los personajes se van entrelazando
coinciden sin entrar en contacto
se miran borrosos
desdibujados
quizás de la misma forma que se verían las personas en el sueño de eri asai

se entrecruzan brevemente
durante una noche
pero no pasa nada
sencillamente sus imágenes permanecen reflejadas en los espejos cuando ya se han ido
como dejando una parte de sí atrapada en el cristal





como en otros textos de murakami la escición es el punto clave
no para descubrir un sentido oculto en sus palabras
sino para sumergirse en un yo que se desdobla, a veces, sin darse cuenta
que se extravía a pedazos en otros sitios
en otros sueños





algo se pierde
algo se rompe
algo deja de ser
y no hay vuelta atrás
la vida como la noche es irreversible

llega la mañana y apenas se puede intuir la presencia de algo

uno sigue siendo uno, pero incompleto
se recuerdan los sucesos, pero no es fácil relacionarlos de un manera lógica
al final todo queda igualmente sumergido como entre sueños
sueños profundos y oscuros

miércoles, 10 de diciembre de 2008

viaje a la novela perfecta (no. 28)


la perfección extrema en la novela es fruto de la imperfección de nuestra especie

"el viaje"
sergio pitol

aunque las fechas atienden a un impecable orden crono-lógico "el viaje" de sergio pitol se desdobla en las diversas facetas de un encanto emanado de las ciudades visitadas pero desconocidas
las ciudades deslumbrantes hacia las que uno camina
pero a donde nunca se termina de llegar

a través del curso de los días entre el 19 de mayo y el 3 de junio seguimos a una voz juguetona que se enfrenta sonriendo a una noción de la comedia humana entendida como
un complejo mecanismo de relojería donde la extrema generosidad convive y participa con crímenes inmundos, donde los mejores ideales que ha concebido y realizado el ser humano no logran apartarlo de sus infinitas torpezas, sus mezquindades y sus perennes demostraciones de desamor a la vida, al mundo, a sí mismo

el viajero, cuya memoria no encuentra un eco posible para describir praga, nos pierde en los vericuetos de sus otros recuerdos
de todos los sueños para los que sí ha encontrado no sólo una voz
sino también las palabras adecuadas para insertarlos en una ciudad
en un nombre parecido a todos los demás pero siempre distinto
los laberintos de este viajero se llaman sueños
se llaman Tolstoi/Dostoievski/Canetti/Tsvietáieva/Meyerhold/Gogol/Kafka/Pitol
se asumen como excéntricos
constantemente huyendo de un centro demasiado serio

el mundo de los excéntricos y familias anexas los libera de las incoveniencias del entorno. la vulgaridad, la torpeza, los caprichos de la moda, y aun las exigencias del poder no los tocan, o al menos no demasiado, y no les importa

si todos los nombres son el mismo nombre
la novela es también crónica/cuento/ensayo/librodeviajes/diario/memoria/autobiografía
es un recuerdo emparentado con el sueño
el miedo
el deseo
la voluntad
lo humano del ser humano
la infancia y sus revelaciones
ante la mirada niña del viajero las cosas adquieren una proporción distinta
un nombre ruso o georgiano o mexicano
pero siempre auténtico
el cuadro simple de unos peces rojos es, por ejemplo,

más que una experiencia estética [...] un trance místico, una revaloración instantánea del mundo, de la continuidad del mundo

viaje y viajero son la revelación de un rompecabezas extraño e inconcluso
de una verdad vertida en las palabras imprecisas del trance onírico
en las palabras de efecto mentiroso y dulce

ahora que escribo, creo que exagero, que todo entonces fue muy rápido, muy cotidiano, más loco y gogoliano, muchísimo más divertido, y no tan pretencioso, efectista, falso desde el principio como lo he escrito ahora


citas tomadas de "el viaje" de sergio pitol, ediciones era, méxico, 2000.
imagen: "peces rojos", henri matisse.