martes, 27 de enero de 2009

el deseo y la isla (no. 32)


una novela de amor es la verbalización
de un discurso que hubiera debido formularse
en otro espacio y sin palabras

el miedo de perder a eurídice
julieta campos

y sin embargo se escriben tantas novelas de amor
la de julieta campos
el miedo de perder a eurídice
no es una novela de amor
es más bien una isla
la isla-deseo siempre eterna

siempre solitaria
isla: soledad temible como la que se siente cuando algo, no siempre monstruoso, sugiere otra proximidad inquietante
la isla es también el deseo manifiesto en la imposibiliad del otro
de lo otro
es un varar permanente de vaivenes que no terminan de ser porque no llevan a ningún sitio
como sabemos también el deseo engendra el relato
y este relato es el de una voz que se desdobla para mirar a una (o varias) multiplicidad de sitios donde, de alguna manera, sucede una historia de amor:
un hombre dibuja una isla en una servilleta en blanco
una pareja se reúne en un lugar a beber cocteles fríos
alguien escribe un diario
julieta campos reescribe los fragmentos donde otros han hablado igualmente sobre las islas

en el principio fue el deseo.
el deseo engendró al verbo,
que engendró a la pareja,
que engendró a la isla

nos recuerda esa persona obstinada en contar una historia de amor
una historia que nunca llega pero que se va articulando conforme regresan a la memoria los mitos y leyendas de todo un mundo de historias de deseo/islas/amores

Yo he dicho que me propongo contar una historia. que esa historia será una historia de amor y, en consecuencia, la historia de un sueño. prosigo: soñar es remontar, hacia los orígenes, el curso de un río. o hacer el viaje al centro de la tierra. o buscar minotauros en laberintos acuáticos. pero dicen que uno acaba por matar aquello que ama y quizá teseo amó al minotauro. sea como sea, la pareja segrega su espacio imaginario. las parejas se encuentran en los parques por las mismas razones que tienen los asesinos para volver al lugar del crimen: vuelven a la réplica del paraíso que están condenados a perder.

la isla es el sitio y el ser de la ausencia perpetua
deseamos lo que miramos todos los días
lo que nunca terminamos de poseer
aunque empeñemos todo nuestro yo en soportar la espera
en sobrevivir a ella
es monótona la vida. hay que inventarse pequeños juegos
y los pequeños mejores juegos para sobrevivir a la espera
son los que se traducen en palabras
aunque éstas no puedan decir nuestro deseo

todo lo que ocurre, ocurre durante esa espera, que es el punto donde la escritura interfiere entre la fantasía y la realidad [...] el tiempo de una espera es el tiempo de un sueño. grandes masas de plumas blancas reposan en las piedras, a la orilla del lago

el tiempo de la espera recuerda entonces la persistencia del encuentro amoroso mítico
donde todo es igual, lo mismo y siempre distinto
donde
lo más extraño de todo es la sensación de traer arrastrando entre los pies el cadáver de un día escuálido, pero recalcitrante, renuente a recibir sepultura

donde la pareja se encuentra en una idea del deseo

cada cuerpo es el espejo, devuelto por la otra mirada, de una noche universal

del amor que al ser desaparece
en el silencio devorador de lo ausente
dos eres: uno me soñó, el otro me olvida
te escribo tanto silencio que me has dejado

los enamorados sólo se aman porque se inventan y se inventan porque necesitan deseperadamente amarse. nadie se enamora de nadie. todos se enamoran del amor

no te acuerdes demasiado de nada [...] aprende a ejercitar el olvido, es tan sólo el revés de la memoria. no hay que temerle. entrégate al olvido como te has entregado a mí: apasionadamente

todo es un invento, todo una escritura, todo un juego para entretenernos
para nombrar al deseo con los nombres de la historia
de los deseos anteriores
de los sueños-islas

y yo escribo como si soñara. o sueño como si escribiera [...] la historia de amor es un sueño que me escribe. hay un lago, una isla, una pareja y unos naúfragos que se cuelan en el sueño con naturalidad sin parecer intrusos, porque la coherencia de los sueños le debe poco a la lógica diurna

la historia de amor que no se escribe en el miedo de perder a eurídice
es siempre la misma
la que siempre se ha dicho y escrito

porque éste no es el fin sino el principio. alguien debe haberlo dicho ya, por supuesto, pero si es así no me importa repetirlo. después de todo lo que se dice es siempre otra cosa y es lo mismo y todos escribimos un libro idéntico.

todo inicio es idéntico a cualquier final
cuando el deseo permanece
cuando lo anhelado nunca llega
cuando la condena y el paraíso habitan en los límites de la mirada
y cuando de nuestra mirada depende perder o no a eurídice

"estamos aislados de todo y somos todo" dicen, pero no dicen nada, porque se han mirado con efusión y tristeza como sucede cuando la felicidad podría, de durar demasiado, volverse intolerable.
el tiempo de la mirada es el paraíso: efímera eternidad de un instante

citas tomadas de el miedo de perder a eurídice de julieta campos, méxico: joaquí mortiz, 1987
imagen: orfeo en los infiernos de brueghel

miércoles, 14 de enero de 2009

los que se quedan (no. 31)


para la niña y el gato de mirada vacía de tiempo

la niña duerme atrapada entre los libros.
quién vendrá a desatar sus pequeños demonios.
quién vendrá a defenderla un día cuando
apague el cigarro y la despierte,
acabando de una vez con este sueño.
breve sueño.
la niña duerme, al menos, mientras la dibuje.


la niña también escribe
escribe mientras recuerda
escribe para no olvidar
luego crece y escribe para pensar mejor
para no dejar que la memoria se le vuelva un punto pequeño/pesado y frío en el cielo de La Habana


todos se van
de wendy guerra


recoge las palabras escritas en un diario de infancia y un diario de adolescencia


donde cada recuerdo se amolda para formar una pieza perfecta, pero borrosa, de esa imagen del tiempo que transcurre en la vida de Nieve
de todos los años que ella pasa mirando cómo todos se van de la isla
y cómo ella permanece cada vez, eternamente


la ironía de llamarse Nieve en un país como Cuba
las canciones, libros, poemas, encuentros y desencuentros
las guerras, latidos, lluvias, visiones y muertes
las ausencias de cada día
la llegada de una nueva esperanza y su pronto ocaso
se van conjugando en palabras breves
en las imaginerías de una niña que mira y entiende
y, después, en la precoz acritud de quien es obligado a mirar y no comprende lo que mira


lo que pasa en estos diarios es la vida
quizás por eso lo más conveniente es decir que no pasa nada porque todo pasa


yo, me quedo con los recuerdos
con las canciones
con la idea de una isla que siempre es deseo y espera
y con el poema de cummings:


algún lugar en el que nunca estuve,
gustosamente más allá de cualquier experiencia,
tus ojos tienen su silencio:
en tu gesto más leve hay cosas que me contienen,
y que no puedo tocar de tan cerca que me encuentro.


y aunque me cierre como una mano
tu mirada fugaz me soltará sin esfuerzo,
siempre me abrirás pétalo a pétalo
como el misterio de la primavera abre su primera rosa.
y si tu deseo fuera a cerrarme
mi vida y yo nos cerraremos repentinamente
como cuando el corazón de esta flor imagina
la delicadeza de la nieve cayendo en todas partes;
nada que percibamos en este mundo
iguala la fuerza de tu fragilidad:
cuya textura me apremia con el color de sus países,
esparciendo muerte y eternidad en cada latido.


(no sé qué hay en ti que se cierra y se abre;
sólo una parte de mí acepta
que la voz de tus ojos es más profunda que las rosas)
nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas.


Guerra, Wendy, Todos se van. Barcelona: Bruguera: 2006

jueves, 1 de enero de 2009

¿hacia el país de las últimas cosas? (no. 30)


a veces pienso que este afán de numerar los años y los días y de hacer en torno a ellos celebraciones de todo tipo, no es más que un intento desesperado e ingenuo por controlar la voracidad del tiempo y la brutalidad con que nos consume, una brutalidad irremediable y a veces un poco tierna

de cualquier forma, me uno a la celebración del "año nuevo" recordando un sitio peculiar
una ciudad de la que tuve noticia hace algunos meses
un sitio al que no quisiera llegar nunca
pero al que aparentemente todos nos dirigimos también, sin remedio
se llama el país de las últimas cosas
y es descrito por un tal paul auster
o más bien por una tal anna blume
aunque antes había sido intuido por un tal nathaniel hawthorne:

no hace mucho tiempo, penetrando a través del
portal de los sueños, visité aquella región de la
tierra donde se encuentra la famosa Ciudad de
la Destrucción.
quién lo haya dicho es quizá lo de menos
porque en esta ciudad todo es lo último que habrá
y no hay nada que pueda darse por sentado

éstas son las últimas cosas [...]
desaparecen una a una y no vuelven nunca más [...]
cierras los ojos un momento, o te das la vuelta para
mirar otra cosa y aquella que tenías delante
desaparece de repente. nada perdura, ya ves,
ni siquiera los pensamientos en tu interior.

en este sitio uno debe estar alerta
no acostumbrarse a nada
no confiar en nadie
olvidar cada prejuicio y cada principio a cambio de la supervivencia

para quienes la lucha se vuelve imposible
pueden optar por el suicidio
para quienes no son capaces de atentar contra su propia vida
pueden recurrir a las "clínicas de eutanasia" y contratar a un agente que los mate el día menos esperado
o también entrenarse como corredores para la "carrera de la muerte": correr y correr hasta caer muertos

tal vez el mayor problema sea que la vida, tal como la conocíamos,
ha dejado de existir pero, aun así, nadie es capaz de asimilar
lo que ha sobrevenido en su lugar [...] ya no sabemos cómo reaccionar
ante los hechos más habituales y, como no sabemos cómo actuar,
tampoco nos sentimos capaces de pensar.

por eso, en este lugar han proliferado diversidad de sectas
que apuestan por la mejor actitud ante la vida que queda
están "los risueños", "los rastreros", "los asociacionistas libres", "los tamborileros", "los apocalípticos"
hay hambre y miseria
hay rumores que hablan de carnicerías humanas
del despojo de cadáveres
pero uno nunca sabe hasta a ciencia cierta qué es lo que sucede en estas calles

por un lado queremos sobrevivir, adaptarnos,
aceptar las cosas tal cual están; pero, por otro lado,
llegar a esto implica destruir todas aquellas cosas
que alguna vez nos hicieron sentir humanos.

y ese sentir sólo es posible ya ante la muerte
asumiéndola y apurando su llegada
o posponiéndola hasta donde sea posible

las cosas se van terminando una a una
van cambiando en una metamorfosis ajena a nosotros
en una transformación incomprensible
donde cada cosa perdida se vuelve un olvido más
y una "necesidad" menos
donde el estado de cosas nos invita/obliga a la traición, al asesinato, al olvido

a veces me parece que cada vez estamos más cerca de ese país de las últimas cosas
y
tal vez ésta sea la cuestión más interesante de todas:
saber qué ocurriría si no quedara nada y si, aun así, sobreviviéramos.

la pregunta queda
feliz año nuevo 2009


citas tomadas de "el país de las últimas cosas" de paul auster, anagrama, barcelona: 2005.

viernes, 26 de diciembre de 2008

el sueño después de la oscuridad (no.29)



el reloj marca cuatro minutos antes de la medianoche
y en esa oscuridad se enmarca el episodio de las cosas extrañas que se configuran bajo el título de


after dark
de haruki murakami


no hay un principio ni un final
sólo la noche
una noche de coincidencias
una noche larga de conversaciones y encuentros
en la que mari lee y su lectura se ve interrumpida por la aparición de takahashi
un músico de jazz
y luego por la presencia de kaoru
mujer corpulenta, recepcionista de un motel y que solicita la ayuda de mari para auxiliar a una prostituta china que ha sido brutalmente golpeada


en otro sitio
en una habitación sencilla
eri asai duerme
y su sueño profundo es vigilado por una mirada
por un punto de vista que la rodea y explora el más pequeño de sus movimientos



...


los diálogos
las historias de los personajes se van entrelazando
coinciden sin entrar en contacto
se miran borrosos
desdibujados
quizás de la misma forma que se verían las personas en el sueño de eri asai

se entrecruzan brevemente
durante una noche
pero no pasa nada
sencillamente sus imágenes permanecen reflejadas en los espejos cuando ya se han ido
como dejando una parte de sí atrapada en el cristal





como en otros textos de murakami la escición es el punto clave
no para descubrir un sentido oculto en sus palabras
sino para sumergirse en un yo que se desdobla, a veces, sin darse cuenta
que se extravía a pedazos en otros sitios
en otros sueños





algo se pierde
algo se rompe
algo deja de ser
y no hay vuelta atrás
la vida como la noche es irreversible

llega la mañana y apenas se puede intuir la presencia de algo

uno sigue siendo uno, pero incompleto
se recuerdan los sucesos, pero no es fácil relacionarlos de un manera lógica
al final todo queda igualmente sumergido como entre sueños
sueños profundos y oscuros

miércoles, 10 de diciembre de 2008

viaje a la novela perfecta (no. 28)


la perfección extrema en la novela es fruto de la imperfección de nuestra especie

"el viaje"
sergio pitol

aunque las fechas atienden a un impecable orden crono-lógico "el viaje" de sergio pitol se desdobla en las diversas facetas de un encanto emanado de las ciudades visitadas pero desconocidas
las ciudades deslumbrantes hacia las que uno camina
pero a donde nunca se termina de llegar

a través del curso de los días entre el 19 de mayo y el 3 de junio seguimos a una voz juguetona que se enfrenta sonriendo a una noción de la comedia humana entendida como
un complejo mecanismo de relojería donde la extrema generosidad convive y participa con crímenes inmundos, donde los mejores ideales que ha concebido y realizado el ser humano no logran apartarlo de sus infinitas torpezas, sus mezquindades y sus perennes demostraciones de desamor a la vida, al mundo, a sí mismo

el viajero, cuya memoria no encuentra un eco posible para describir praga, nos pierde en los vericuetos de sus otros recuerdos
de todos los sueños para los que sí ha encontrado no sólo una voz
sino también las palabras adecuadas para insertarlos en una ciudad
en un nombre parecido a todos los demás pero siempre distinto
los laberintos de este viajero se llaman sueños
se llaman Tolstoi/Dostoievski/Canetti/Tsvietáieva/Meyerhold/Gogol/Kafka/Pitol
se asumen como excéntricos
constantemente huyendo de un centro demasiado serio

el mundo de los excéntricos y familias anexas los libera de las incoveniencias del entorno. la vulgaridad, la torpeza, los caprichos de la moda, y aun las exigencias del poder no los tocan, o al menos no demasiado, y no les importa

si todos los nombres son el mismo nombre
la novela es también crónica/cuento/ensayo/librodeviajes/diario/memoria/autobiografía
es un recuerdo emparentado con el sueño
el miedo
el deseo
la voluntad
lo humano del ser humano
la infancia y sus revelaciones
ante la mirada niña del viajero las cosas adquieren una proporción distinta
un nombre ruso o georgiano o mexicano
pero siempre auténtico
el cuadro simple de unos peces rojos es, por ejemplo,

más que una experiencia estética [...] un trance místico, una revaloración instantánea del mundo, de la continuidad del mundo

viaje y viajero son la revelación de un rompecabezas extraño e inconcluso
de una verdad vertida en las palabras imprecisas del trance onírico
en las palabras de efecto mentiroso y dulce

ahora que escribo, creo que exagero, que todo entonces fue muy rápido, muy cotidiano, más loco y gogoliano, muchísimo más divertido, y no tan pretencioso, efectista, falso desde el principio como lo he escrito ahora


citas tomadas de "el viaje" de sergio pitol, ediciones era, méxico, 2000.
imagen: "peces rojos", henri matisse.

jueves, 16 de octubre de 2008

"el recuerdo de un olvido" (no. 27)

como los erizos, ya sabéis, los hombres un día sintieron su frío. y quisieron compartirlo. entonces inventaron el amor.
el resultado fue, ya sabéis, como en los erizos.

con esta encantadora y terrible comparación inicia, discretamente, "donde habite el olvido" de luis cernuda
y desde este título se hace evidente el diálogo con la rima LXVI de bécquer:
[...]
en donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba

diálogo que poco a poco adquiere la brillante confesión íntima de ese cernuda en una primera etapa de enamoramientos voraces
de afanes
anhelos vehementes en torno de ese amor que es mar


de ese mar que es
[...] un olvido,
una canción, un labio;
el mar es un amante,
fiel respuesta al deseo.
es como un ruiseñor,
y sus aguas son plumas,
impulsos que levantan
a las frías estrellas.


de ese amor que adquiere la apariencia del ángel:
es un angel y es terrible,
pero no con la elevación de los ángeles de rilke
sino con la terrenalidad de lo que es posible poseer
aunque sea efímeramente


tú fluyes en mis venas, respiras en mis labios,
te siento en mi dolor;
bien vivo estás en mí, vives en mi amor mismo,
aunque a veces pesa la luz, la soledad
[...]
estás conmigo como están mis ojos en el mundo,
dueños de todo por cualquier instante;
mas igual que ellos al hacer la sombra, luego vuelvo,
mendigo a quien despojan de su misma pobreza,
al yerto infierno de donde he surgido.
el deseo es ausencia/ no hay amor sin deseo
el amor no envenena,
aunque como un escorpión deje los besos;
el placer no es naufragio,
aunque vuelto fantasma ahuyente todo olvido.
aunque la memoria insista
el mismo cernuda suelta la pregunta sabiendo la respuesta:


¿qué queda de las alegrías y penas del amor cuando éste desaparece? nada, o peor que nada; queda el recuerdo de un olvido.
memoria pertinaz de un olvido
que insiste en no soltar su propia ausencia
que agobia como el mar
como los ángeles
como la misma muerte
voy a morir de un deseo,
si un deseo sutil vale la muerte;
a vivir sin mí mismo de un deseo,
sin despertar, sin acordarme,
allá en la luna perdido entre su frío.
imagen: the red model, magritte.

martes, 7 de octubre de 2008

"el teatro que yo quiero" (no. 26)

Entre la memoria del agua:
entrevista a Concepción León Mora

Recuerdo las rosas cayendo al agua
el agua cayendo al cuerpo
el cuerpo mojado solo
el viento rugiendo herido
y mi madre cantando
mientras me cubrían las rosas.

Después de un par de años vengo a reencontrarme con Mestiza Power, obra de teatro con raíces yucatecas de Conchi León Mora. Encuentro en la voz de la mujer mestiza una memoria que fluye, un recuerdo yendo y viniendo de algún sitio muy cercano, como el ligero vaivén de una hamaca cómplice donde he guardado todos mis secretos. Luego, es la voz de Conchi la que viene a confirmar esa memoria compartida, llevada a escena con el humor espontáneo de lo honesto, con la vitalidad de lo entrañable y donde lo yucateco viene a configurar un espacio para reír y admirar la belleza de lo que todavía somos. Tal vez, lo que más me ha encantado son las palabras de Conchi, su risa fácil, su visión de la mujer (mestiza) y del mundo, su voluntad para hacer teatro y para seguir siendo ella.

K.M: Aquí en Mérida se han representado tres obras tuyas con raíces yucatecas: Mestiza Power, Tolok Paradise y Las creyentes. Las dos primeras surgen a partir de situaciones reales como las entrevistas que haces a algunas mestizas y en el caso de Tolok… las denuncias publicadas en El diario del comisario. ¿De qué manera es que logras llevar esa realidad tan dispersa, tan volátil a veces, a la escena?
C.L: Yo creo que trato de encontrar el reflejo en mí misma de lo que estoy encontrando. A veces creo que tendemos a poner en un altar nuestra cultura y precisamente por eso creo que fallan muchas obras regionales o de investigación, obras que de pronto caen en el maniqueísmo de decir que la mujer maya es intocable, cuando la mujer maya está junto a ti vendiendo mandarinas. Cuando empiezo a escribir, para mí no cabe colocarlas en un nivel superior, qué nivel más alto que el humano: este es el nivel que yo le doy siempre al personaje. A un nivel estructural, sí me han criticado que mis obras no tienen una estructura y demás, en mi cabeza sí hay un orden. En el caso de Mestiza Power yo pensaba que se hiciera una especie de recorrido por la infancia, la adolescencia, la vida de casada y la vejez de la mujer maya; luego montar las situaciones específicas de tres mujeres mestizas y al final, la leyenda que yo creo que es algo que todos hemos oído y que nos significa.
K.M: En relación con el nivel humano en el que ubicas a tus personajes, uno de los varios elementos que han llamado mi atención en Mestiza Power es ese contraste tan peculiar del carácter de las mujeres mestizas, en el que convive una violencia casi brutal, pareciera que inherente al personaje, y en la forma como esas situaciones violentas son asumidas con toda la naturalidad e incluso son motivo de risa. ¿De qué forma miras esta situación?
C.L: Pues lo que pasa es que eso somos las mujeres, como un caracol envolvente, pero que se envuelve a sí mismo en toda esta melancolía, en una misma dolencia. Esto que dices de asumir la violencia fue de las cosas más fuertes que me dejó una de las mujeres que entrevisté, cuando me dice: “su modo de mi marido es pegar”, como si fuera alto, chaparro, moreno; “mi marido es así, es borracho” y es una característica más, como si fuera el color de sus ojos. Eso es lamentable, pero sí, estamos inmersos en un mundo de violencia, las mujeres somos criadas así, si no es violencia física es violencia psicológica. Sin embargo, no creo que sea privativo de las mestizas, en general, creo que es de la mujer, esa como fortaleza exterior, de asumir las cosas como una especie de suerte, digo si volvemos a este rollo de que mi marido es mi cruz, que gracias a dios ya no se oye tanto, pero que sigue siendo vigente en la forma como se asumen esas situaciones, como una especie de autocastigo, como una cosa más de la vida. Por eso me gusta tanto el universo femenino, me apasiona tanto porque es tan complejo, y pues porque nos duele del mismo lado, nos causa la misma melancolía.
K.M: Hablando de este universo femenino plasmado en tus obras, tanto en la trilogía como en la Crónica de un presentimiento, en Todo lo que encontré en el agua y en El ombligo del agua, otro de los elementos recurrentes es precisamente el agua, el agua como símbolo por excelencia del universo femenino. ¿Qué representa para ti?
C.L: Es mi máxima obsesión el agua, no lo puedo evitar. Desde hace tiempo, por ejemplo, Laura Zubieta y yo hacíamos un performance que consistía en una escena donde entraban dos mujeres en ropa interior y simplemente se iban vistiendo, mientras una se ponía las medias, la otra se lavaba los pies, mientras una se colgaba el bolso, la otra se ponía el rebozo, finalmente estas mujeres entraban desnudas y salían vestidas, una como indígena tzotzil y la otra como una mujer de calle. Desde entonces ha estado muy presente el agua en mi trabajo. Todo lo que encontré en el agua, empieza donde dos personajes, una colegiala y un hombre de cuarenta años, son sumergidos en unos cubos llenos de agua, esa fue la primera imagen que tuve de la obra; cada vez que los sacaban, decían lo que habían encontrado ahí dentro: “burbujas”, “oleaje”, “golpe”, “profundidad”, “abismo”. Al principio no me explicaba esta escena, hasta que entendí que los estaban torturando, luego escribí la obra, que es la más reciente y ahí también sigue estando el agua. Es una obsesión, el sonido del agua, el agua en escena me parece lo más bello del mundo. Me critican pues, porque siempre uso los mismos símbolos pero bueno, por qué no puedo usar los mismos símbolos.
K.M: Además del agua, también empleas en forma recurrente la hamaca, ¿no?
C.L: ¡Ay, pues es que la hamaca es un universo! En El ombligo del agua, la escenografía consiste en cuatro hamacas ubicadas en distintos niveles, como si fueran cuatro pisos, inclusive hay un personaje que camina encima de una y otra hamaca como si estuviera bajando un piso. Para mí, te digo, la hamaca es un universo, es donde somos concebidos, donde nacemos, donde están nuestros más profundos deseos, donde estamos con nosotros mismos. En El ombligo del agua, incluyo una parte de una anécdota que mi papá me cuenta mucho: mi mamá estaba embarazada y él llegó, vio a mi madre montada en la hamaca, estaba dando a luz y se agarraba de otras dos hamacas que estaban hacia ambos lados, él la quiso ayudar y cargó a la bebé para pasarla a otra hamaca, pero cuando la tomó vio que tenía cola, la soltó y se fue corriendo a decirle a mi abuela que mi mamá había tenido un bebé con cola, era el cordón umbilical. Cuando regresó (esto es algo que me da mucha ternura), me decía: “tu mamá, como las perras, ya le había cortado la cola a la niña, ya la había bañado, estaba acostada en la hamaca con ella”. Yo me imagino a mi madre recién parida, meciéndose en la hamaca. Dime qué más puedes necesitar aparte de una hamaca. La hamaca puede ser todo, es todo: erótica, maternal, sensual… y de verdad me parece un elemento que ha quedado muy olvidado. No tengo los niveles como para hacer acrobacia o circo como de pronto he visto bailarines que hacen un trabajo así, de cualquier forma no lo necesitamos, bueno al menos el teatro que yo hago no lo necesita, es solamente encontrar la poética que tiene este elemento que a mí me parece maravilloso.
K.M: Ahora que comentabas esta anécdota, también se da mucho este juego entre pasado y presente en tus obras, en ellas siempre hay una vuelta hacia atrás, una insistencia por traer los recuerdos más entrañables, digo recuerdo como reconstrucción de las cosas que han pasado y de las que no, como una conjunción de imágenes casi evanescentes pero que de alguna forma logran concretarse en una representación.
C.L: Sí, lo que pasa es que yo escribo mucho de recuerdos, por supuesto que la memoria no es virginal, está aderezada de muchas cosas, pero no me puedo evadir. Yo tuve una infancia muy rica de cosas violentas, fuertes, pero son cosas que no he querido dejar morir, por eso siempre en mis obras hay parte de recuerdos de mi vida. Por ejemplo, en Mestiza Power, el personaje que ahora interpreta Madeleine Lizama dice en algún momento que querían que cambiara a su hija por quinientos pesos, eso se lo dijeron a mi mamá respecto a mí y es algo que no me puedo quedar; hay situaciones con mis hermanas, con la gente, cosas que de pronto entran en mi vida y que no puedo entender. Siempre digo que escribo lo que no entiendo, quizás para entenderlo, y en este sentido es que no puede ser que nos gane el olvido, tenemos que recuperar la memoria. Bueno, muchos dicen “rescatar”, yo detesto esa palabra, por qué rescatar, no son bomberos. No se trata de rescatar nada, se trata de, en un momento dado, si uno quiere, hacer presente la memoria.
K.M: Finalmente, ¿por qué hacer memoria a través de un teatro, no digamos regional para no perdernos en términos, pero sí con raíces y elementos yucatecos tan representativos?
C.L: Pues, cuando hago Mestiza Power, hay una respuesta muy generosa, sobre todo del público, sin embargo gran parte de la comunidad (teatral) la rechaza porque la consideran como un teatro que bordea la dramaturgia de nopales, que era casi un teatro de inditos, incluso que no era teatro, que era sociología. Entonces dije “ah, no les gusta, pues eso voy a hacer”, y de ahí decidí hacer la trilogía, aunque le paré en Tolok Paradise, Las creyentes la dirigió Paco Marín, no yo. La verdad es que me doy cuenta de esta hambre que tiene la gente de ver teatro regional y eso es algo que todos decimos, un teatro regional sin mentadas de madre, sin escatologías, sin chistes bajados de Internet unidos sin ningún sentido y otras cosas que sencillamente no acepto y por eso decido decirlo haciendo el teatro que yo quiero, no el que debe ser, sino el que yo quiero.

Entre los vericuetos infinitos de la memoria nos vamos perdiendo. Luego de más de cinco horas de charla, cada cual vuelve al sitio que la realidad del sábado por la tarde le ha deparado, Conchi quizás pensando en la presentación de Mestiza Power en el Olimpo, en sus proyectos personales, como dramaturga a nivel nacional e internacional; yo, con la memoria del agua haciendo remolinos en mis propios recuerdos.
Mérida, Yucatán, 2 de agosto de 2008
Imagen: Crónica de un presentimiento en: molinex.blogspot.com